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¿Pacto de silencio?: así vive la última presidenta que fue derrocada en Argentina

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Se cumplen 50 años del último golpe militar sufrido en el país sudamericano.
¿Pacto de silencio?: así vive la última presidenta que fue derrocada en Argentina

A sus 94 años, María Estela Martínez de Perón, la última presidenta que sufrió un golpe de Estado en Argentina, vive exiliada en España, sin conceder entrevistas, sin vida social y sin haber escrito sus memorias a pesar de que protagonizó un episodio fundamental en la historia de América Latina.

Su silencio siempre ha llamado la atención, pero la incógnita sobre este ostracismo vuelve a reflotar en medio del 50.º aniversario de esa madrugada del 24 de marzo de 1976, en la que el general José Rogelio Villarreal le anunció su detención.

"Señora, las Fuerzas Armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda arrestada", le avisó el militar al concretar un golpe que se esperaba en el país desde que Martínez de Perón había asumido la presidencia, hacía solo 20 meses.

Eran poco más de las tres de la mañana. Un rato más tarde, los golpistas lanzaron su primer comunicado oficial. "A partir del día de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar", anunció un escrito firmado por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, y que fue leído en cadena nacional.

El Proceso de Reorganización Nacional, eufemismo usado por la dictadura, marcó el inicio de violaciones masivas a los derechos humanos desconocidas hasta entonces, y que dejarían un saldo de 30.000 personas desaparecidas.

Biografía

María Estela Martínez Cartas nació el 4 de febrero de 1931 en la provincia de La Rioja, ubicada en el norte argentino. En su familia también la llamaban Isabel o Isabelita. Desde muy joven estudió baile, lo que, a mediados de la década del 50, le permitió viajar a Panamá como parte de una compañía musical.

Ahí se encontraba exiliado Juan Domingo Perón, el caudillo que en septiembre de 1955 había sufrido un golpe militar. Él tenía 60 años, y ella, 24, pero la diferencia de edad no impidió que comenzaran una relación. Después de Panamá, María Estela acompañó al líder argentino a Venezuela y República Dominicana, hasta que se establecieron en España.

Finalmente, en 1961 María Estela se convirtió en la tercera esposa de Perón, quien había quedado viudo en dos ocasiones por las tempranas muertes de Aurelia Tizón y la legendaria Eva Duarte.

A partir de la boda, Martínez de Perón comenzó a adquirir protagonismo político al representar a su esposo, quien planeaba su regreso a Argentina. En esa época, la bailarina viajó en dos ocasiones a Buenos Aires, en donde conoció a José López Rega, un expolicía afín al esoterismo que se transformó en uno de sus principales asesores.

En las elecciones de 1973, Perón todavía estaba proscrito y no podía postularse, por lo que su lugar fue ocupado por Héctor Cámpora, quien ganó los comicios, aunque sólo pudo gobernar 49 días porque Perón por fin regresó al país, lo que permitió que se convocaran nuevas elecciones en las que, ahora sí, participó. Y arrasó

Llegada al poder

El 23 de septiembre de ese año se llevaron a cabo las elecciones que ganó la fórmula Perón-Perón, ya que el caudillo había puesto a su esposa como candidata a la vicepresidencia, a pesar de que era una figura de nula trayectoria política. Juntos, obtuvieron el 61 % de los votos, un récord que nadie más ha superado hasta ahora.

Pero Perón ya estaba enfermo. En esas condiciones asumió su tercera presidencia el 12 de octubre de 1973, pero casi nueve meses después, el 1 de julio de 1974, falleció y su lugar fue ocupado por Martínez de Perón, quien contaba con José 'El Brujo' López Rega como principal asesor.

La violencia política en el país era una constante e involucraba a guerrillas, grupos parapoliciales, fuerzas de Seguridad y Fuerzas Armadas. Pero López Rega la exacerbó con la creación de la Alianza Anticomunista Argentina, la temible Triple A que se erigió en un cuerpo parapolicial de ultraderecha que cometió crímenes de lesa humanidad (secuestros, torturas, desapariciones, asesinatos) antes de que los militares cometieran el golpe de Estado. Años después, la presidenta ya derrocada aseguraría que jamás había sabido de estos delitos.

La dependencia de 'Isabelita' en López Rega debilitó todavía más el Gobierno de una presidenta que era defenestrada incluso por el peronismo de izquierda que no la reconocía como líder. A la muerte de Perón sobrevinieron dos años marcado por represiones, persecuciones a opositores, autoritarismo y una grave crisis económica. Todo ello le abrió la puerta el terrorismo de Estado que ejerció la dictadura militar que la derrocó.

A mediados de 1975, Martínez de Perón sacó a López Rega del Ministerio de Bienestar Social y lo envió como embajador a España. Pero nada aminoraba la crisis. Las presiones para que renunciara eran permanentes, tanto como los rumores de un inminente golpe de Estado que, cuando se consumó, no sorprendió a nadie.

Exilio

En las primeras horas del golpe, Martínez de Perón, quien entonces tenía 45 años, fue trasladada a la provincia de Neuquén, ubicada en el sur del país, en donde permaneció detenida durante siete meses. Luego la llevaron a una base naval y, por último, a la quinta de San Vicente, una propiedad de Perón ubicada en la provincia de Buenos Aires que hoy está reconvertida en un desvencijado museo.

La derrocada presidenta pasó allí sus últimos años en Argentina, de donde partió rumbo a Madrid en julio de 1981, cuando el régimen militar consideró cumplida su prisión y la obligó a exiliarse.

En 1983, el año que Argentina recuperó la democracia, la exdirigente quiso que el peronismo postulara como candidato presidencial a Emilio Eduardo Massera, el almirante al que consideraba su amigo a pesar de que había sido uno de los perpetradores del golpe en su contra. Fue una de sus últimas intervenciones políticas.

Isabelita regresó a Buenos Aires en diciembre de 1983 para asistir a la toma de posesión del presidente Raúl Alfonsín. Aprovechó su estancia para reunirse con sectores peronistas, negociar su amnistía para evitar ser juzgada por hechos cometidos antes del golpe militar y recuperar los bienes decomisados a Perón, lo que lograría años más tarde, durante la Presidencia de Carlos Menem (1989-1999).

Incómoda

De a poco, la expresidenta se convirtió en un enigma y no volvió a hablar públicamente. Ni siquiera se pronunció ante la prensa entre 2006 y 2008, cuando jueces argentinos solicitaron su extradición de España acusándola de delitos de lesa humanidad en causas que no prosperaron.

En octubre de 2024, la vicepresidenta Victoria Villarruel, defensora de la última dictadura militar, sorprendió al publicar fotos de una afectuosa reunión que había sostenido con Martínez de Perón en Madrid. Ninguna ofreció mayores declaraciones.

La difusión de las imágenes provocó un revuelo pero confirmó que, 50 años después, Isabelita sigue siendo un personaje incómodo para el peronismo, que no la recuerda ni la defiende, mucho menos la reivindica.

Los homenajes, halagos y aplausos siempre son para Juan Domingo y Eva Perón, la pareja inmortal que, para sus militantes, representa la justicia social, piedra fundacional del ideario peronista no siempre cumplido por los presidentes emanados de sus filas.

Desde la derecha tampoco suelen centrarse en Martínez de Perón porque, desde lo ideológico, era una de las suyas. Así, de manera paradójica, la última presidenta derrocada de la historia argentina es la gran ignorada cuando se habla de esos álgidos tiempos que marcaron la historia latinoamericana.

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